En el mundo del lujo, la exclusividad ya no se mide solo por la potencia o por lo raro que sea un coche. Cada vez pesa más la personalización y la capacidad de contar una historia propia. Con esa idea nace The Bespoke Series, la nueva propuesta de Bentley Mulliner, la histórica división de carrocería y personalización de la marca británica, que estrena una colección anual de producción limitada concebida con más parámetros de alta costura que de industria del automóvil.
De los encargos a medida a las colecciones de temporada
Durante décadas, Mulliner se ha dedicado a materializar los deseos más exclusivos de los clientes de Bentley, fueran los que fueran. La novedad es que ahora, en lugar de limitarse a responder a encargos individuales, la firma plantea ediciones diseñadas al detalle que recogen tendencias en color, materiales y acabados, igual que una casa de moda presenta sus colecciones de temporada. Es un cambio de mentalidad: del traje a medida a la pasarela.

El color como gran protagonista
La primera entrega pone el foco en uno de los elementos más poderosos del diseño, el color. La apertura del renovado estudio creativo de Bentley y sus nuevas capacidades de pintura han servido de inspiración para una paleta de seis tonalidades exclusivas. Van desde la elegancia deportiva del Azul Salerno o la luminosidad del Snow Quartz hasta propuestas más atrevidas como el Naranja Manuka o el intenso Rojo Rubí Brillante. Completan la gama el Prisma Medianoche, de aspecto casi negro según cómo le dé la luz, y el Verde Espectral, un guiño a la histórica relación de Bentley con la competición. A su vez, el color no se queda en la carrocería: se prolonga al interior a través de la tapicería, los bordados, el volante, la palanca de cambios y los detalles decorativos, para lograr una identidad visual completa.

Solo 100 unidades sobre el Continental GT S
La colección se construye sobre el Continental GT S Coupé y el Continental GT S Convertible, con una dotación muy completa. Por fuera destacan las llantas de gran diámetro en negro, los detalles exteriores oscurecidos y una franja central de efecto perlado que la hacen reconocible dentro de la gama. Por dentro manda la artesanía, con pieles de distintos tonos, inserciones de técnicas específicas y una numeración propia que recuerda que se trata de una producción mínima. Esa es la clave de todo esto: la primera Bespoke Series está limitada a solo 100 ejemplares numerados en todo el mundo, lo que la convierte en un caramelo para coleccionistas. Bentley ya ha avanzado que el programa tendrá continuidad anual, entendiendo el coche de lujo casi como un objeto cultural.


Mientras tanto, Bentley prepara su revolución eléctrica
La otra cara de la marca mira al futuro. Mientras Mulliner eleva la tradición artesanal, Bentley ultima el que será su primer coche 100% eléctrico: un SUV al que la propia marca llama «Urban SUV» y cuyo debut se espera entre finales de 2026 y principios de 2027. Será algo más compacto que el Bentayga, con una longitud cercana a los 5 metros, y se construirá sobre la plataforma eléctrica PPE del Grupo Volkswagen, la misma que ya usan el Audi Q6 e-tron y los Porsche Macan y Cayenne eléctricos, con arquitectura de 800 voltios para carga ultrarrápida.
Aquí conviene ser prudente, porque buena parte de las cifras son todavía estimaciones y rumores, no datos oficiales. Se apunta a una potencia que podría superar los 1.100 CV, una batería de unos 113 kWh y una autonomía cercana a los 600 km, sin variantes híbridas enchufables ni extensor de autonomía. Incluso se especula con que puede llamarse Barnato, un nombre que Bentley tiene registrado y que homenajea al piloto Joel Woolf Barnato, uno de los míticos «Bentley Boys». El precio, también por confirmar, podría rondar los 300.000 euros. Dos caras de una misma Bentley: el lujo artesanal de la Bespoke Series y la revolución eléctrica que viene.




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