A la mayoría de nosotros nos han multado alguna vez, pero dudo que alguno haya vivido alguna situación parecida a las que se van a exponer en este artículo, en las que los afectados debieron pensar que estaban siendo protagonistas de una cámara oculta.
Encima de la grúa
Era el año 2015, cuando se supo que Tráfico había multado por exceso de velocidad a un coche que iba encima de una grúa. Un radar fotografió a un vehículo que circulaba a 83 kilómetros por hora, en una zona limitada a 70, lo gracioso es que este se encontraba remolcado por una grúa. La multa le llegó a la propietaria del coche ya que, como se ve en la imagen, la grúa tenía matrícula de Andorra.

Colgado del retrovisor
En el año 2010, un conductor gallego fue parado por la Policía Local y multado debido a que llevaba colgado del espejo retrovisor un tirachinas de madera, que más tarde se supo que había sido fabricado por el abuelo del hombre multado. La denuncia de la multa se basó en la tenencia ilícita de armas, lo que supuso una correspondiente sanción de 300 euros. A su vez, el tirachinas se la fue requisado.

Un poco rápido
Una conductora de Vigo recibió una sanción por superar el límite de velocidad en el barrio de Coia, lo cual no es algo extraño. El problema llega cuando la mujer ve que, según el radar, circulaba a 750 km/h.
La sancionada pensó que se trataba de una broma al abrir la carta. Su Mini Cooper habría tenido que superar en más del doble la velocidad de un avión comercial en crucero para alcanzar esa cifra.
Este tipo de errores, aunque son poco frecuentes, no son únicos. Los fallos en los radares o en el procesamiento de datos han generado situaciones similares en las que conductores de vehículos convencionales aparecen registrados a velocidades físicamente imposibles.

Como un niño
La Guardia Civil sancionó a un hombre con una multa de entre 300 y 400 euros por circular «de manera temeraria» con un triciclo de juguete. El motivo: bajaba de noche y a gran velocidad por una cuesta en un polígono industrial de Sevilla.
El vehículo, que según el afectado era su medio de transporte habitual, fue catalogado como «no homologado» al tratarse de un juguete. A eso se sumó que circulaba sin ningún tipo de iluminación.
Este suceso tuvo lugar en febrero de 2010 en la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache y sigue siendo uno de los casos más insólitos en el historial de sanciones de tráfico en España.

Del Zara a la carretera
En 2012, un conductor fue pillado, recibiendo una multa por circular por el BUS-VAO de la A-6, carretera de la Coruña con un maniquí como copiloto para poder acceder a dicho VAO (se requiere un mínimo de dos personas). Además, el maniquí iba camuflado con una peluca, unas gafas de sol, una chaqueta, un pañuelo e incluso, llevando el cinturón abrochado. Fue multado con una pena de 200 euros, aunque sin pérdida de puntos, incurriendo así en un delito tipificado en el Reglamento General de Circulación.

Las dos manos en el volante
En noviembre de 2013, un abogado canario fue interceptado por la Guardia Civil acusado de hablar por el teléfono móvil mientras conducía. El hombre trató de demostrar su inocencia enseñando el registro de llamadas de su dispositivo, donde se podía ver que la última conversación había sido el día anterior.
Aún así, el argumento no convenció a los agentes, que decidieron multarle igualmente. El motivo final de la sanción fue el siguiente: «sujetarse la oreja con su mano derecha de forma permanente». La multa acabó siendo de 60 euros.





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